La Balsa

La Balsa

de Arar el cielo, Eugenio Barba

 

…la necesidad es una convicción absoluta que me obliga cada día  a levantarme y no hay nada, viento o tempestad, enfermedad o familia o no sé qué otro obstáculo o razón, que me pueda impedir andar.. Yo debo ir hacia aquel lugar donde me esperan las personas que para mí son esenciales, mis  actores y los demás componentes del Odin Teatret.

No es una cuestión de fe, es una necesidad. Es mi única realidad, lo que me hace respirar, lo que me da oxígeno. Sin ella no puedo vivir.

Hay muchas cosas que pueden mantener esa balsa que es un grupo de teatro. El amor, por ejemplo, es una de ellas. Hay muchos tipos de amor:

por un líder carismático, por algunos espectadores importantísimos para ti, por una visión en común, aunque de verdad no creo que una convicción colectiva pueda mantener unidas a las personas por mucho tiempo.

Esta adhesión puede ser también un sano oportunismo: mejor sobre la balsa que en boca de los tiburones, incluso si se está apretado, y de vez en cuando debemos elegir a alguno de nosotros para comerlo.

Creo que lo que mantiene junto a un grupo es la capacidad de encontrar incesantemente nuevas condiciones para entrelazar colectivamente exigencias personales ineludibles. Como si algunas personas hubieran descubierto en el teatro una trinchera o una catacumba para defender su propia esencia, para hacer visible la nada sobre la cual la civilización está construída, para seguir el camino del rechazo. Son los individualistas insensatos que se subordinan a la paradójica disciplina del oficio teatral.

A veces logran convencer no tanto por sus teorías, sino por su empeño concreto más allá de las quimeras.

Por el sentido preciso y concreto de su necesidad

…Después de haber navegado con ellos, empecé a preguntarme:

Qué es una balsa?  literalmente, en sentido estricto.

Es aquello que te salva y al mismo tiempo te recuerda todo lo que te ha sido arrebatado.

También yo me aferré, como un náufrago, a un despojo que los otros llamaban teatro….. Lo hice para sobrevivir a una tormenta existencial, a la pérdida de la lengua, al desarraigo de emigrante, separado de los colores, los sabores y los afectos entre los cuales había crecido.

La única posibilidad de mantenerme a flote era agarrarme al teatro, a una actividad que fuera reconocida y me permitiese permanecer diferente sin ser un excluído. Sobre esta balsa de la Medusa encontré a otras personas en las mismas condiciones.

Esta humanidad de náufragos se convirtió en mi país.

 

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